martes, 7 de junio de 2011

Hablemos de Friball

El viernes pasado fue Viernes de Friball. Versión jugamos de pedo, es decir, 4 vs. 4. Misma cancha, mismos arcos, misma pelota. Cambios reglamentarios menores, aunque para mejor: arquero volante, que equivale decir que se puede salir del area; los goles solo valen pasando tres cuartos de cancha, pero los delanteros siguen sin poder entrar al area.

Una hora de partido, suficiente para escribir una crónica. El equipo pecho verde, alias "Team J", perdió por 3 goles, en algo bastante parecido a un partido de fútbol. El "Team A" arrancó ganando cómodo, rifó una ventaja holgada, y ganó con un poco de amor propio.

Por qué eso del "Team J" ? Porque el nombre de todos sus integrantes empezaba con J (James, Johanne, José y Juán).

Por qué lo de pecho verde ? Porque les tocó jugar con las pecheras verdes, o "bibs". Hay un juego de "bibs" para que use un equipo, con el mismo espíritu de "cuero vs camiseta", pero con un poco más de producción, claro.

Por qué eso de "Team A" ? Simplemente porque los equipos suelen ser A y B. Ni por nivel, ni por nombres, ni nada.

Qué podemos decir de los participantes ?

James es inglés, debe andar por los 40, y juega a lo inglés. Es decir, tira la pelota para adelante y corre en línea recta hacia ella. Una forma de jugar clásica, pero clásica de rugby. Casi todos los ingleses juegan así.

Johanne es jamaiquino, y es un poco más técnico. Se caracteriza por pedir la pelota siempre, y no pasarla nunca. Eso se agudiza al cruzar la mitad de cancha. Debe tener algún ancestro común con el "Pipino" Cuevas.

José es gallego, y cómo buen gallego, es laburador. Corre un montón, y cubre
todas las carencias con la pelota con esfuerzo.

Juán, o Joan, es catalán. Casi siempre es patrón de equipo, y debe ser el primer hincha del Barcelona de credo Bilardista que conozco.

Rumit es indio, y se plantó en la cancha como 9 de área, aunque claro, no podía entrar por la reglamentación vigente. Cómo buen 9 de área, tiene el manejo mínimo e indispensable para agüantar la pelota, girar y hacer el gol. Para este nivel, casi que lo podemos adjetivar de galáctico.

Brian tiene ascendencia asiática, y es el organizador-inventor de reglas. Trata de jugar al ras del piso y corre mucho. Siempre da la sensación de ir descontrolado, sin pisar el freno. Supongo que por eso ideó lo de jugar sin lateral ni corner.

Tom es inglés, y juega a lo inglés. En el primer partido que jugué, en un momento se sentó a descansar en medio del partido. No creo que haga falta agregar algo más.

Guilly al arco. A los que alguna vez jugaron al World Cup o al Microprose Soccer, sepan que hay un montón de gente en la vida real que solo sabe hacer goles entrando en diagonal. Y cómo los arcos son bajos, no hay chance de que pateen a otro lado que no sea al segundo palo, ya les agarré la mano.
Fue clave en el desarrollo del partido que solo había dos ingleses, con lo que la gente trataba de pasar la pelota, o al menos gambetear, en vez de ir para adelante y hacer fuerza. Veremos cómo sale el próximo.

La saga NHS (V) - There and back again

Entramos al consultorio, el enfermero (indio, excedido de peso) nos recibe con una sonrisa. Completa unos datos en la computadora, mientras nos dedica un "pasen, por favor cierren la puerta". Como buen mala onda, trata de causar una buena primera impresión, y empieza la consulta con un "A ver, contame por favor qué te pasó?".

Diana, un poco intimidada por los acontecimientos que vivimos en esa larga hora en la sala de espera, trata de ir directo al grano, para no hacerle peder tiempo al hombre. Empieza la respuesta con un tímido "creo que me rompí la nariz con un tejo jug... ".

Al enfermero mala onda le dura poco el buen humor, y rápidamente muta en enfermero cara de orto. Corta la explicación con un tajante "a ver, te pregunté qué te pasó, no que tenés. Eso es lo que vamos a tratar de ver, para eso estás acá". Diana se sobrepone, y continua con una versión condensada de la historia, la más rápida y simple posible, para evitar cualquier error que pueda causarse por el pasaje de idiomas.

Le pide ver la herida. La observa, y repite lo mismo que ya escuchamos varias veces. Nos dice que va a pasarle el tema a un especialista, que analizará si hace falta alguna clase de "enderezamiento" extra, luego pegarán la herida, y a casa a dormir. Nos asegura que justo en este hospital es una de las especialidades, que lo pueden hacer sin problemas hoy mismo si hace falta y no es algo muy serio. O algo asi, la verdad es que no yo no le prestaba mucha atención a lo que decía a esa altura de la charla, sino que estaba más atentos a sus movimientos: el gordo tenía toda la pinta de ser uno de esos que te pegan a tración, de puro garca nomás.

De lo que si estoy seguro es que estimó que, en como mucho una hora más, la debería atender el especialista. Quizás menos, pero era una noche muy movida, agregó.

Para justificar su oficina y su puesto, y de paso hacer gala de sus conocimientos de enfermería, le dijo a Diana que le iba a poner algo para que no le sangrara más la nariz. Ese algo resultó ser una gasa con un poco de cinta.

La verdad es que esperabamos un poco más. Salimos de la oficina 5 minutos después de haber entrado, y estabamos de vuelta en el mismo lugar. Cómo en el juego de la oca, vuelta a empezar, pero tras 2 horas y media tirando dados, contando la espera de la ambulancia. Eso si, ahora Diana ya no tenía la necesidad de tenerse la nariz, gracias a la cinta adhesiva. Un avance con sabor a poco, creo que es una buena expresión de nuestros sentimientos.

La hora y media siguiente la pasamos sentados en la sala de espera. Tomandole bronca al gordo mala onda mientras esperabamos que desde atrás de alguna puerta sonará algo parecido al nombre de Diana. El elenco de reparto había cambiado bastante desde nuestra llegada, y se seguía renovando.

En un momento ingresaron dos pibes, cargando a un tercero por los hombros. Ninguno pasaba los 18, creo. Lo sentaron justo enfrente nuestro, y se pusieron a ver, a tratar de descubrir cuáles eran los pasos a seguir. Fueron a la ventanilla y le dijeron tímidamente a la recepcionista, como quien no quiere la cosa, "ehh, mi amigo tiene la nariz rota". Nos miramos con Diana, y tuvimos que hacer un esfuerzo grande para no tentarnos. 

No, chiquito, decí la posta, a tu amigo lo cagaron a trompadas. Y tan amigo no debe ser, porque ustedes dos están impecables, podrían haber saltado a defenderlo, en vez de rajar para otro lado. Decí que tiene un pedo importante, que el alcohol lo tiene sedado contra el dolor, y que ahora no entiende nada. Pero si mañana le queda algún recuerdo de esta noche, les va a hacer un par de preguntas y van a tener que dar una buena explicación. Capáz zafan con haberlo traido, quién sabe.

Cada vez más seguido nos agarraba el raye de preguntarnos para qué mierda vinimos al hospital. Pero bueno, ya faltaba poco, y si habíamos llegado hasta ahi, un último esfuerzo, y a casa con todo solucionado.

Hay un indio sentado enfrente, 3 sillas a la izquierda de Johny Walker, que sigue mirando para adelante con su visión 2D y su cara inexpresiva. El indio tiene larga barba y usa elegante turbante violeta, con medalla y pluma. Está dormido, aburrido como todos los presentes por la espera. 

De repente, sin despertarse, bosteza. Estira los brazos, y se rasca la panza. Pero no alcanza a calmar el ardor. Asi que sin despertarse se levanta la remera, exhibiendo una panza enorme, peluda y desagradable, que sería la envidia de Moyano y seguramente ganaría todos los premios y las miradas en en el desfile del Festival de verano de la CGT en la Bristol. Se rasca de nuevo, con más fuerza y con ambas manos a la vez. No se si ronca, o si es el ruido del rasgar de las uñas lo que se escucha. Silencio, seguro que no.

Esta vez, la extravagancia del cuadro nos gana. Con Diana nos miramos, y no podemos cruzar una palabra sin reirnos de la escena. Ni Capusotto ni Casero podrían haber guionado un remate asi. El estado nos dura un par de minutos, los más alegres que pasamos en las últimas 3 horas sin duda alguna.

Cuando recuperamos la capacidad del habla, Diana me dice con un gesto cómplice: "cuántas cosas vas a poder escribir en el blog de todo esto!". Y tiene razón. Si hasta se que se va a poner aburrida la cosa, pero bueno, escribo por escribir, asi que no me importa.

A eso de las 12:30 se abre una puerta, y alguien menciona el nombre que estamos esperando escuchar, y otro más que no nos importa saber. Cruzamos la puerta, y lo seguimos por un pasillo.

(to be continued...)

lunes, 6 de junio de 2011

La saga NHS (IV) - Historias de lesiones mínimas

La sala de espera está llena. Tomamos asiento, y esperamos que llamen a Diana. El tipo de la ambulancia entra y habla con una de las 3 personas de la oficina de atención al público. Lo podemos ver, a través de las ventanillas. Levanta la cabeza, nos señala con la mirada, como aclarandole a su interlocutor que somos nosotros, la loca que se tiene una bola de papel en la nariz y el delirante que viene al hospital de mochilero y con un par de patas de rana en la mano. Al rato sale, se nos acerca y nos repite el cuento de que es una noche agitada, pero que nos van a llamar rápido. Nos dedica una sonrisa digna de un porteño de ley, coronada con un guiño de despedida, y se va.
El que nos va a llamar es un enfermero, el mismo que llamará a todos los demás de la sala, y que según sus problemas, los atenderá, examinará y derivará a otros doctores.

En un hospital público, del conurbano londinese, lleno de gente que puede considerarse londinense, pero dificilmente tiene aspecto de británica. Durante una noche "de locos" por la cantidad de gente, se pueden conocer muchas historias extrañas. Sobre todo si uno tiene tiempo al pedo, y se dedica a observar al resto, jugando a ser Sherlock Holmes.

- Sentado en un asiento, llama la atención un hombre que tranquilamente podría ser la versión india de Joe Pesci. Tiene la mano izquierda levantada, y la punta de los dedos mayor y anular apenas encintados, cómo si tuviera un corte. El brazo levantado contra viento y marea, en todos sus desplazamientos, confirma la sospecha. La indignación para ir a preguntarle un par de veces a enfermero cuándo lo van a atender, como si fuera el primo Vinny. Una historia desgarradora.

- Parado está un pibe joven, que no encuentra posición cómoda. Se tiene el brazo derecho un poco arriba del codo, cómo quien se tiene un algodón cuando le acaban de sacar sangre. Camina bien, no parece tener dificultades psicomotrices. Tampoco tiene cara de drogón que le pifió en el pinchazo, aunque tiene un aire a personaje de Trainspotting. Si es un traumatismo, o este pibe es descendiente de William Wallace, o es un marmota que se chocó el picaporte de una puerta (acá están normalmente a una altura promedio mayor que en Argentina). No creo que tenga sangre escocesa.

- Hay un viejo estacionado en una silla de ruedas, cerca de la puerta del consultorio. Apenas se mueve, está medio postrado. Pero cada vez que sale el enfermero para llamar a alguien, el viejo se despierta y le recuerda que está hace rato esperando, que necesita que lo atiendan, que lo cambien (lleva pañal), etc. El enfermero demuestra tener el tacto de Dr. House, y le dice que espere su turno, que ya le va a tocar. Al rato, le toca al viejo, y el enfermero sale resignado, sabiendo que va a tener que cambiarle los pañales. De bronca, supongo, no le calzará los limpios, sino que se los dejará a los pies de la silla. La gran duda es saber quién fue el tránfuga que trajo al viejo hasta ahi, para dejarlo librado a su suerte.

- Un momento complicado: entran dos tipos, uno que tiene pinta de andar en una Harley Davidson y laburar en la indutria pesada, y el otro que parece Tom Hanks en Philadelphia, que es el que viene mal. Van a la ventanilla de atención, después se sientan en un costado, después se mandan por un par de puertas, aparecen por otra y se vuelven a quedar a un costado. Al rato sale el enfermero, y el motoquero lo apura, que su amigo se siente mal. El enfermero trata de ensayar su papel de duro, pero se choca con una gran interpretación de su rival, al que le salen las frases como si fuera El Padrino. Suelta un "Tranquilo, solo le estoy pidiendo atención para mi amigo, que está tirado" y al voltear la vista, resulta que su amigo efectivamente está tirado en el piso, acostado en realidad, en lo que parece una posición cómoda, sin dolor. Simultaneamente, empiezan a aparecer un par de ursos con pecheras amarillo fluo, que tienen estampado el "Security" en rojo. El motoquero cambia el tono mafioso, y la cosa encara para el lado de Secretos de la Montaña. La discusión baja un par de decibeles, le ofrecen agua para que tome el amigo, y que sigan esperando. Durante el resto de la noche, lo volveremos a ver varias veces, siempre buscando un poco de agua y dirigiendole conmovedoras palabras de aliento a su convalesciente media naranja.

El resto, nada. Charlando tranquilos los que esperan en grupo, leyendo los que llegaron solos. Pero ni con mucha imaginación uno puede tener una idea de qué tienen, si es que tienen algo. Incluso en algunos casos que llegamos a escuchar que declaraban en la oficina, la información era inverosimil. Cómo el caso de un señor que se decía tener un esguince en un dedo de la mano, y pasó toda la espera leyendo un diario, pasando páginas con total naturalidad.

Apenas una mujer, con cara de gastroenterocolitis, o por lo menos con gestos de dolor evidente. Después, 20 o 30 personas, con nula capacidad autodidacta y sin sentido de la urgencia, que por las dudas decidieron ir al médico. Y como el médico estaba cerrado, se mandaron a la guardia del hospital.

En algún punto intermedio entre las 22 y las 23, el enfermero mala onda llamó a "Ri Ana", y pudimos conocer el interior del consultorio.

(to be continued...)

sábado, 4 de junio de 2011

La saga NHS (III) - Hitchin' a ride

Dos tipos se bajaron de la ambulancia. Tenían más pinta de gendarmes que de médicos, aunque es probable que sea por el estilo y el color del uniforme. Cruzan unas palabras con el supervisor del complejo, que los estaba esperando en el estacionamiento.

Entran por la puerta de emergencia que da a la pileta, donde está sentada Diana. Hay uno que parece el lider y tiene pinta de extra de serie yankee de TV. Con tranquilidad, empieza con la secuencia de preguntas esperadas: "a ver, contame qué pasó?", "Cómo fue?", "Cuándo fue esto?", "Perdiste la consciencia en algún momento, te sentís o sentiste mareada?", etc. Diana le va contestando, él va alternando caras de "ah, mirá vos", "qué macana", etc. Le pide ver la herida.

El corte ya no sangra mucho. La nariz todavía no está hinchada, pero se notan ciertas líneas no tan rectas cómo deberían. El hombre labura en emergencias, en una ambulancia. Esto seguro no debe ser lo más grave que haya visto, y seguramente el morbo lo perdió hace rato. Lo mira al manager del complejo, pone cara de "esto tendría que verlo alguien que entienda del tema", la vuelve a mirar a Diana, y dice en palabras lo que expresaba con su mirada: "Te lo tendrían que ver en el Hospital, porque tiene pinta de no estar del todo bien".

No nos animamos a contestarle qué justamente lo estabamos esperando a él para eso. Porque bueno, si para él es para pasar a la siguiente etapa, debe ser algo complicado, o al menos no muy sencillo. No para pegamento y nada más, como teníamos la esperanza.

Nos pregunta si tenemos auto. Le respondemos que no. La respuesta negativa lo sorprende, pero se sobrepone y nos dice "ok, no hay problema, los llevamos en la ambulancia entonces". Su sonrisa, en cambio, dice algo así como "qué macanudo que soy que hasta les hago la gauchada de llevarlos". 

Mientras nos subimos a la ambulancia, dudamos si hicimos bien en esperarlo. Se pone en marcha para el hospital de Ealing, y tampoco me animo a preguntarle porque ya que es tan macanudo, no nos lleva al hospital de Ashford, a 5 minutos de casa. A esa altura de la noche, todavía me esmeraba por mostrarme atento y políticamente correcto con la gente, a pesar del problema.

En el trayecto, nos comenta que es una noche muy movida en el hospital, porque hay bastante gente. Pero que va a tratar de hablar para que nos atiendan rápido, porque Diana ya lleva un rato largo esperando, y parece algo simple, que se puede resolver rápido. Siempre con su sonrisa de "que tipo copado que soy, por Dios".

Llegamos al hospital de Ealing a eso de las 22:20, y la sala de espera de A&E (Accidents and Emergencies) estaba llena.

(to be continued...)

viernes, 3 de junio de 2011

La saga NHS (II) - Primeros momentos después del Big Bang

De repente, la superficie de la pileta se llenó de cabezas. Cabezas enteras, es decir, con el agua al cuello. Normalmente eso se da cuando se para el juego por una falta. Si bien había una persona oficiando de árbitro, no había cobraba nada en casi toda la hora, raro que haya decidido empezar cuando faltaban 5 minutos. Además, tampoco era el centro de las miradas, algo habitual en los cobros, ya que todos quieren saber qué pasó, y cómo se reanudará el juego.

Esta vez, todas las miradas se van dirigiendo sucesivamente al lateral, dónde están ayudando a salir del agua a una persona. No es buen augurio. Salida de espaldas, para ubicarla acostada sobre el borde finlandés de la pileta. Mala señal. Mientras la van sacando, se saca con cuidado la luneta, con una sola mano, manteniendo la otra a la altura de la nariz. Peor. Se empieza a ver un flujo de sangre, lavada al principio, que va tomando color rojo con el correr del tiempo, a medida que el agua que se escurre del pelo va menguando. Ya no es señal, es alarma.

Diana acusa el impacto con holgura, sin gritos de dolor ni llantos histéricos. Acostada, sigue presionando la nariz con la mano, para tratar de contener el sangrado. Llego un poco tarde, porque tuve que nadar desde el area de relevos, y como la mayoría, tardé en darme cuenta de la severidad de la cosa. Rachel, una de las otras dos mujeres que estaban jugando, se desvive ayudándola y preguntándole si está bien. No fue la que hizo el tiro, pero es evidente que debe haber sido testigo privilegiado de la jugada, y le debe causar un poco de conmoción pensar que tranquilamente le podría haber pasado a ella.

La guardavidas se acerca con un rollo de papel, para tratar de contener el sangrado. Lleva güantes de latex, en previsible medida de seguridad. Tarda poco en llegar el supervisor, quién enseguida decide llamar a una ambulancia de forma preventiva. Supongo que lo hace porque es evidente que el corte es grande. Y también supongo que debe ser el procedimiento normal.

Con la situación mínimamente controlada, los que estaban en el agua tuvieron tiempo de jugar un gol más. Diana se fue al vestuario, Rachel le lleva el bolso con la ropa, y yo me voy a cambiar, llevandome todos los pertrechos de hockeysub.

No me terminé de cambiar cuando llega el resto de la gente, con el entrenamiento finalizado. Todos me preguntan cómo está y se muestran preocupados por el incidente. Estoy calzándome la campera, y escucho que el viejito-DT, que se estaba cambiando al lado mio, canta/tararea el estribillo de "Don't cry for me Argentina". Pienso si no me estará cargando, pero me doy cuenta que no, en realidad cómo buen angloparlante, debe ser el único audio que conoce que puede calzar con la emotividad y tristeza de la escena actual. Madonna, Alan Parker, Andrew Lloyd Weber y Evita, todos a la puta que los pario.

Salgo del vestuario, y termino de vuelta en el borde de otra pileta, dónde Diana está sentada, a la espera de la ambulancia. Está ahi porque es dónde hay otra puerta que da al estacionamiento, al qué en cualquier momento llegará la ambulancia. Rachel sigue haciendole el agüante, preguntando si está bien, si no le duele, si necesita algo, etc. Ya pasaron 20 minutos del Big Bang, y se tiene que ir. Nos deja su teléfono, para que la llamemos y le contemos cómo terminó la cosa. Nos dice también que si no que le avisemos a Alistair, que es el novio.  Después de volver a preguntar si está bien, se le escapa un "no lo puedo creer, si me hubiera pasado a mi estaria llorando histérica". Nos deja saludos, y se va.

La ambulancia que llamaron llega en cualquier momento, que resulta ser media hora más, cerca de las 22. Para ese entonces, ya le habíamos avisado a la niñera de Franco que estabamos demorados. La tuvimos que llamar varias veces porque no atendía el teléfono. El problema fue que la boluda no podía sacar su celular de atrás de un radiador, dónde lo había tirado el chanchis. Menos mal que le avisamos que no se lo preste para jugar.

Llega la ambulancia. Se bajan dos uniformados del NHS, y empiezan a hacer preguntas.

(to be continued...)

jueves, 2 de junio de 2011

La saga NHS (I) - El Génesis

El National Health Service (o Servicio de Salud Nacional) es el sistema de salud del Reino Unido. Es un sistema de salud pública, uno de los más grandes y antiguos del mundo.

Cuenta la leyenda (wikipedia, en realidad) que en tiempos de guerra (Mundial, segunda), un tal Beveridge creia que un sistema de salud pública era un servicio fundamental, y escribió un reporte acerca de ello. Se lo conoció como el "reporte Beveridge", y sus palabras llegaron a oidos de Greenwood. Este pensó "no es bueno que Beveridge esté solo", y con ese informe hizo presión para que el gabinete asignara a Beveridge a una comisión, y esta generó un White Paper. Ese White Paper fue heredado por Attlee, quién encomendó a Bevan, su secretario de salud, que creara un sistema de salud que reemplazara y unificara los prestadores privados, estatales y hasta de beneficencia que había a lo largo de toda la tierra del Reino Unido.

Los principios sobre los que habría de regirse serían 3: qué sea adecuado para las necesidades de cada habitante, que sea gratuito, y que se base en las necesidades clínicas, y no la capacidad de pago de cada paciente. También se proclamó que proveería servicio de atención de emergencia a todo el mundo, sin distinción de raza, sexo, credo o incluso de papeles inmigratorios.

Bevan decidió que todo el mundo debería ver, ante cualquier caso de enfermedad manifiesta o dolencia, a un General Practicant (simil médico de cabecera) que actuaría de cancerbero, de guardián de entrada al sistema, e indicaría el camino a los convalescientes hacia sus correctos diagnosticadores y sanadores.

Esto provocó la ira y el rechazo de la clase médica, ya que acotaba sus campos de acción, y sobre todo sus ganancias. Ante la encrucijada de qué hacer para sacar adelante el proyecto, Bevan optó por cooptar a los doctores, comprando sus voluntades con dinero e incorporándolos a la dirección del sistema.

De esa forma, el 5 de Julio de 1948 se realizó en el Trafford General Hospital de Manchester el acto de lanzamiento del NHS, sistema de salud que actualmente funciona en el Reino Unido. Orgulloso de su logro, Bevan no dudó en exclamar "Ahora tenemos el liderazgo moral del mundo".

Hockeysub en el far West (II)

La segunda parte de la saga hockeysub iba a ser el Domingo pasado, cuándo teníamos planeado ir a la pile de vuelta. Eso si, en una onda más relajada y familiar, ya que ibamos todos, incluido el chanchis, al que ibamos a cuidar entre rato y rato de agua. Pero Franco se pegó un resfrio de novela, pasó una noche terrible el sábado, tosiendo y diseminando mocos por todos lados. El Domingo amaneció nublado, asi que por motivos de fuerza mayor, decidimos suspender la pile.

El siguiente día de actividad era el miércoles, en la sesión "de los buenos". La niñera no podía, pero nos recomendó una suplente, que vino a cuidar a Franco, y salimos para la pileta. Llegamos y nos encontramos con que estaban nadando, con un poco más de ganas que la otra vez, y a diferencia de 7 días atrás, nos dijeron que no podíamos meternos porque estaban haciendo un entrenamiento hasta las 8, cuándo se armaba el partido.

Relajados, aprovechamos para estirar un poco, y a las 8 en punto al agua para hacer una entrada en calor, mientras que el resto seguía haciendo una parte física por 10, 15 minutos más. Empezaron a llegar algunos conocidos, que no entraban al agua, y aproveché para preguntarle a Alistair cómo era la onda, si era horario del club, si no, etc. Dio un par de vueltas para responder, con el latiguillo de que era un "día especial, de elite, por invitación", y al final me terminó contando que en realidad los que estaban nadando eran los que estaban entrenando para jugar el Campeonato de Portugal (el "mundial" de este año, aunque también me cuesta llamarlo asi, ya que desde 2007 hay un "mundial" por año, todo por pelotudeces políticas!).

Claro, por eso los equipos, el nivel y ritmo de juego, y sobre todo el viejito que regenteaba la cosa, que resultó ser el DT, o al menos parte del cuerpo técnico. Había jugadores de varios clubes, incluso de lugares más lejanos, que venían para entrenar. Aunque cómo hay un par de equipos bastante fuertes que están al norte, supongo que estos deben ser parte de un grupo de más de 12, que están peleando por un lugar en el plantel.

Asi sumamos una motivación a nuestra sed de revancha del miércoles pasado. Jugamos, pero de nuevo fue siempre ir desde atrás, costó bastante hacer pie en la cancha, aunque por momentos, podíamos marcar el ritmo. Creo que en gran parte era porque no estabamos muy organizados, con el cacique devenido en indio, nada de directivas ni feedback, cada uno al agua y a hacer lo que se pueda.

Sobre el final, a 5 minutos de las 21, Diana ligó un tejazo en la nariz bastante duro, "a lo Moche", que prácticamente suspende todo. No perdió el conocimiento, pero sangraba bastante, vino personal de la pileta, llamaron a la ambulancia, y empezó la verdadera odisea.

(To be continued...)